Si Eva hubiera escrito el Génesis
¿cómo sería la primera noche de amor del género humano?
Eva hubiera puesto algunos puntos sobre las ies
quizás, digo yo, no sé
hubiera aclarado que ella no nació de ninguna costilla
que no conoció a ninguna serpiente
que no ofreció nunca ninguna manzana a nadie
y que nadie le dijo "parirás con dolor y tu marido te dominará"
y que todo eso, diría Eva, no son más que calumnias
que Adán contó a la prensa.

E. Galeano

miércoles, 2 de junio de 2010

CÓMO EMPEZAR A DESMONTAR EL MACHISMO EN TRES SIMPLES PASOS

por El Cuarto de Tula

La discriminación hacia la mujer por el solo hecho de ser mujer existe desde hace varios miles de años y es tan arraigada que llegamos a considerarla como “normal”, ligada a la misma naturaleza del ser mujer: “normal” es que las tareas del hogar sean propias de las mujeres, “normal” que las mujeres sean reducidas a objetos sexuales para el disfrute de los hombres y que sus cuerpos, hechos objetos, aparezcan en la televisión y la publicidad, en las latas de cerveza y hasta en los asientos de las motos. ¡Y podríamos seguir con una larga lista! Pero no nos cansaremos de repetir que esta discriminación y subordinación de las mujeres no tiene nada que ver con su naturaleza biológica, por el contrario, se trata de una construcción histórica y cultural y así como fue armada la podemos desmontar. La tarea no es fácil pero es imprescindible si queremos construir una sociedad más justa.
¡Entonces, arremanguémonos la camisa y empecemos! ¿Cómo? Por ejemplo, siguiendo estos tres simples pasos.
1. Prendas el televisor y cambies los canales hasta conseguir una telenovela.
2. Restriégate los ojos para quitar esa venda invisible que tenemos puesta, y mire bien a la novela. Analícela a fundo. Fíjate si encuentras algo de esto y márcalo con una X:
□ la protagonista en realidad no es tan “protagonista”: ella no hace nada, sino que todo le pasa (es decir: es pasiva).
□ la protagonista es una mujer pura, inocente, casta y virginal, mientras que el protagonista es mujeriego (y ella siempre lo perdona) o ha tenido otras experiencias sexuales que no sean con ella.
□ algunas mujeres de la novela son juzgadas por “tener pasado” y su sexualidad es mal vista o hasta condenada por los demás personajes, mientras que la sexualidad de los personajes masculinos es aceptada.
□ los protagonistas están buscando tener un heredero, y será varón (99% de los casos).
□ algo de la novela te hace recordar la historia de Cenicienta u otro cuento de hadas en que la princesa no se puede salvar sola y espera al príncipe que venga a rescatarla.
□ las mujeres de la novela son víctimas de alguna forma de violencia de género (y para eso, échale una mirada al artículo 15 de la Ley sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia).
Muy fácilmente habrás encontrado algunos de éstos rasgos patriarcales y machistas que sin pedir permiso entran cada día a través del televisor en miles y miles de casas. Considera que toda la familia ve a las novelas, piensa en cuánto adictivas son. Medita sobre cuánta influencia tienen en perpetrar y reforzar la discriminación hacia las mujeres. Toma en cuenta cuánta influencia pueden tener las relaciones de género que aparecen en las novelas, en la formación de niñas, niños y adolescentes.
3. Invita a tus familiares, amigos y colegas a ver junt@s la novela y empiecen a individuar todas sus características machistas, evidentes u ocultas. Y en eso, tómenla cómo si fuera una película cómica y ríanse, ríanse, ríanse de ella. Desmóntenla con la ironía. Con la conciencia y la risa empezaremos a destruir al machismo.

miércoles, 12 de mayo de 2010

TORTURAS DE UNA PARTURIENTA

por El Cuarto de Tula

Si no te atendieron por tiempo y pariste en el piso de la sala de espera.
Si sentiste que se olvidaron de ti. Si te trataron con rudeza. Si te trataron como si estuviera enferma.
Si te obligaron a llevar adelante un embarazo que no deseabas. Si, por culpa de otros, no pudiste llevar adelante el embarazo que deseabas.
Si te rebotaron de un hospital a otro. Si querías caminar y no te dejaron.
Si te trataron “como a una ignorante” por ser primeriza.
Si no pudiste parir en un lugar íntimo y acogedor.
Si tu cuerpo fue ultrajado y maltratado. Si tuviste que someterte a tactos y tactos y tactos y tactos frente a gente que no conocías o por parte de los estudiantes de medicina que pasaban por ahí.
Si no te dejaron estar acompañada por tu pareja, tu madre o quién tu necesitabas.
Si te mandaron callar y no te dejaron expresar el dolor que sentías, “pues cuándo lo hacías no te quejaste” y “ya que te gustó lo dulce, aguántate lo amargo”.
Si te rasuraron sin consultarte ni avisarte.
Si no te sentiste la protagonista principal de tu parto. Si te lo hicieron volver una pesadilla.
Si te suministraron Pitosín para acelerar el parto sin informarte y sin tu consentimiento.
Si te obligaron a parir acostada, con las piernas levantadas, cuándo hubieras podido parir de pié, que es la posición más natural (a lo que tú te habías preparado).
Si te practicaron la cesárea sin tu consentimiento.
Si te practicaron la cesárea sin real necesidad. Si no te practicaron la cesárea cuando había real necesidad.
Si te esterilizaron sin informarte y sin tu consentimiento.
Si pinzaron el cordón umbilical inmediatamente tras el nacimiento del bebé.
Si se llevaron tu bebé recién nacid@, negándote la posibilidad de poderl@ cargar y amamantar, sin ninguna justificación.
Si, después de haber parido, te metieron a compartir la cama con otra mujer.
Si te dejaron pasar frío.
Si tu bebé murió por negligencia médica. Si tú te moriste por negligencia médica.

Parece material para un guión de una película del horror, pero no es nada ficción: a estos y otros malos tratos están sometidas muchísimas mujeres, todos los días. Y el que debería ser un día mágico de conexión profunda con la vida te lo hacen volver una pesadilla. No se trata de casos aislados ni excepcionales: todos estos son cuentos que hemos escuchado de amigas, vecinas, hermanas, o que hemos vivido en carne propia. Hay responsabilidades institucionales y de los médicos y de políticas públicas. La Ley Orgánica sobre el Derecho de la Mujer a una Vida Libre de Violencia reconoce la existencia de la violencia obstétrica (y ginecológica, e institucional): es un gran logro, fruto de un parto colectivo de miles de mujeres. Pero como siempre, hay que arremangarse la camisa y volver realidad lo que está en el papel: toda mujer tiene derecho a un parto respetado.

sábado, 8 de mayo de 2010

GÉNERO Y MOVIMIENTOS POPULARES: LA EXPERIENCIA DEL FRENTE NACIONAL CAMPESINO EZEQUIEL ZAMORA.

por Ilaria Arienta

La necesidad de garantizar la equidad de género en los procesos organizativos y productivos de la sociedad que queremos es una inquietud que está empezando a ser tomada cada vez más en cuenta por movimientos y organizaciones populares a nivel latinoamericano, a partir de la constatación que para alcanzar una sociedad más justa es indispensable luchar en contra de la cultura patriarcal y machista que discrimina a la mitad de la población, incluso en el seno de los mismos movimientos revolucionarios.
Hay movimientos y organizaciones populares que ya están desarrollando el trabajo de género, y un ejemplo en Venezuela es el de las mujeres del Frente Nacional Campesino Ezequiel Zamora (FNCEZ), quienes con este objetivo están realizando encuentros, reuniones, talleres y otras actividades, desde hace cinco años.
Generalmente, cuando pensamos al movimiento campesino organizado, la primera imagen que nos sale a la mente es la figura de varios hombres empuñando instrumentos para trabajar la tierra. Sin embargo, la lucha del campo también es mujer: prueba de eso las muchísimas mujeres que, a nivel mundial, integran las filas del movimiento campesino. No obstante la presencia y la participación de las mujeres en el FNCEZ sea bien significativa, las campesinas han sido por mucho tiempo invisibles, incluso a los ojos de sus propios compañeros de lucha. Hasta que las mismas mujeres empezaron a cuestionar la situación.
Su reto es construir un feminismo campesino, desde la realidad las mujeres campesinas. De eso (además de una mayor participación en los espacios de tomas de decisión) tratan justamente sus reivindicaciones: por ejemplo, que se haga efectivo el artículo 14 de la Ley de Tierras (que plantea que las mujeres cabeza de hogar deberían tener prioridad en la distribución de tierras, además de contar con un subsidio pre y post parto, igual que cualquier otra trabajadora) y que se haga realidad la intervención por parte del Estado en los casos de mujeres víctimas del sicariato contratado por los terratenientes. A esto se suman también las reivindicaciones generales de la lucha campesina, que para las mujeres son aún más difíciles de alcanzar: como por ejemplo el acceso a tierras (a nivel mundial las mujeres son las que más cultivan la tierra, pero solamente un 1% de la propiedad de la tierra en el mundo pertenece a las mujeres. Y en Venezuela la situación no es muy diferente) y el acceso a créditos y a todos los medios para la producción (acceso que sigue siendo más restrictivo para las mujeres).
En conjunto con otros movimientos y colectivos, las mujeres del FNCEZ organizaron el Primer Campamento Latinoamericano de Mujeres de Movimientos Populares, que tuvo lugar en noviembre de 2009 en el Estado Vargas y en el cual participaron alrededor de 300 mujeres de diferentes organizaciones y colectivos de Venezuela y Latinoamérica.
Yolanda, una compañera del FNCEZ, nos cuenta la experiencia del trabajo de género adentro de la organización.
¿Cuál es la participación de las mujeres en el Frente Nacional Campesino Ezequiel Zamora?
Además de una participación muy importante en la producción agrícola, hay una participación fundamental en los procesos organizativos: en los Consejos Comunales, en los Fundos Zamoranos, en las cooperativas. Las mujeres son las que están llevando la batuta de los procesos. Incluso, las mujeres vienen haciendo un papel muy importante en la ocupación de tierras, y han sido víctimas de los terratenientes y de los sicarios contratados por éstos. Aunque hasta el momento no ha sido asesinada ninguna compañera, sí hay huérfanas y viudas, y varias han sido violadas por estos sicarios en los procesos de ocupación de tierras. Todo esto es completamente invisibilizado: nadie tiene en su imaginario una mujer cuando piensa en la lucha campesina.
¿Cómo surgió el trabajo de género dentro del FNCEZ?
Las mujeres dentro de la organización, empezamos por cuestionarnos. ¿Por qué, si éramos más mujeres, estábamos menos en los espacios de toma de decisiones? ¿Por qué, si hacíamos más el trabajo de base y todo lo más pesado de la organización, no estábamos en los espacios de dirección nacional? Se sentía en la cotidianeidad cierto machismo por parte de los compañeros, en invalidar nuestras opiniones y nuestras propuestas o en vernos solamente como objeto sexual y no como compañeras militantes.
¿Cuáles han sido las reacciones de los compañeros?
Esto ha sido, y es todavía, un proceso bastante duro, que implica mucho trabajo para nosotras porque es difícil de comprender para la mayoría de los compañeros, e incluso para muchas compañeras. El primer argumento que hubo en contra de todo el proceso organizativo de las mujeres dentro del Frente fue que éramos divisionistas, que pretendíamos sacar a todas las mujeres de la organización y armar otra. Pero es todo lo contrario: es sumar más mujeres y fortalecer las que ya estamos dentro de la organización para aportarle más al proceso, para participar de mejor manera en todas las luchas que venimos desarrollando: por la propiedad de la tierra, por el acceso a créditos, por mejorar las condiciones de los campesinos y las campesinas. Las mujeres ahora nos estamos formando más, estamos participando más en las actividades, en las asambleas. Y con esto estamos fortaleciendo la organización, no la estamos dividiendo, como se temía en un principio. Esto ya, progresivamente, se ha ido comprendiendo.
¿Cómo se ha llevado la lucha contra el machismo dentro de la organización?
Hay que desarrollar métodos, porque el enfrentamiento no es el más adecuado. Los compañeros han comprendido mucho a través del diálogo. Ha sido un proceso lento, pero se ha logrado avanzar en la medida en que nosotras hemos entendido que no hay que pelear con ellos, porque son nuestros compañeros. Entonces, hay que argumentar, y juntos estudiar, debatir. Nuestros compañeros no son nuestros enemigos. El machismo sí; pero ellos son nuestros compañeros, que tienen algunos rasgos machistas, algunos anti-valores machistas. Es distinta la metodología a utilizar.
¿Cuál ha sido la reacción de las compañeras?
Con las compañeras también es mucho el trabajo de formación, porque lo primero que se hace es negar la situación. Muchas compañeras dicen que nunca han sido víctimas del machismo, porque no es algo que se vea fácilmente. Como está tan naturalizado, aparece como algo normal. No se dan cuenta, por ejemplo, que muchos piropos son expresiones de machismo. Lo primero es visibilizar. Andamos en este proceso: problematizar y visibilizar la situación.
¿Con cuáles otros obstáculos han tenido que enfrentarse?
Es todo un reto, porque el machismo, el patriarcado, es muy arraigado, es más antiguo que el capitalismo. Entonces si ya es difícil erradicar el capitalismo y construir algo nuevo, imagínese el patriarcado, que es todavía más viejo y está más arraigado en nuestras costumbres cotidianas. Hemos peleado bastante para desmontar ese argumento de que el feminismo sea una cosa europea, o de clase alta. Porque si estamos viviendo los impactos del machismo, pues simplemente tenemos que organizarnos en contra de eso. Y esto ya es feminismo. Ha sido duro también desmontar esa palabra “feminismo” del estereotipo que trae, de “mujeres locas que quieren matar a los hombres” y ese tipo de cosas. Desmontar eso y ver que las feministas somos mujeres que luchamos por nuestros derechos: eso es todo un reto, como lo es construir este feminismo campesino, este feminismo de las campesinas, a partir de su realidad, de lo que se está viviendo.
¿Qué mensaje quieres dar para las mujeres y los hombres de los movimientos populares?
Siempre se ha dicho que lo más importante es la lucha de clases, que las demás luchas van como por añadidura, pero la historia demuestra que no es así. Tenemos que trabajar desde ahora, tod@s l@s que queremos transformar la sociedad, y esas relaciones machistas son unas de las cosas más importantes a erradicar. Hay que invitar las mujeres a atreverse, a plantear lo que les incomoda, por más que parezca que los otros se van a molestar o se van a reír. Mujer, si algo te está incomodando es porque probablemente hace parte de ese machismo que parece “normal”. Entonces, tanto como individuas, como organizaciones, como movimientos y colectivos, tenemos que plantear lo que nos está causando una molestia, y empezar a cuestionarlo.

lunes, 26 de abril de 2010

NO LE PEGUE A LA NEGRA (NI LA MATE)

¡No más violencia contra las mujeres!

por El Cuarto de Tula

Nos topamos con demasiada frecuencia en los diarios con noticias de asesinatos de mujeres. Raras veces adquieren una relevancia especial, cuando se trata de personajes públicos, como en el caso del reciente asesinato de Jennifer Carolina Viera a manos de su pareja, el púgil “Inca” Valero. Sin embargo, todos éstos casos reciben por parte de los medios de comunicación el mismo trato: tachados de “crímenes pasionales”, justificados “él estaba enfermo/borracho/celoso”. Y la aberración va más allá: un macabro acto de prestidigitación consigue invertir los roles : el culpable (el asesino) se transforma en víctima y la víctima (la mujer asesinada) en culpable (“ella había retirado la denuncia”, “ella se lo aguantaba”).
Habría que hablar sobre la responsabilidad de los medios de comunicación en la reproducción de la cultura sexista, que discrimina a las mujeres por el sólo hecho de ser mujeres, que las pone en una posición inferior respecto a los hombres. Habría que hablar sobre el sistema patriarcal, en el cuál vivimos desde hace unos seis mil años, nada menos, y al cual estamos tan acostumbrados que no nos damos ni cuenta. El mismo sistema que pone las mujeres al servicio del hombre, que establece que las tareas del hogar son oficio de ellas (en los mejores de los casos, él “ayuda”) y que las discrimina en el trabajo. Y que las discrimina en la vida, en general. Pero estas reflexiones irían para largo, y no van a caber todas, hoy, en esta pequeña columna. Vamos entonces a concentrarnos sobre el tema de los feminicidios, es decir los asesinatos de mujeres por el hecho de ser mujer.
Porque de esto se trata: mujeres asesinadas a causa de su situación de inferioridad hacia el hombre, consideradas como “su propiedad”. Y uno con “sus cosas” hace lo que se le dé la gana. No se trata de “crímenes pasionales”. Aquí el amor y la pasión no caben por ningún lado: lo que sí cabe son las relaciones de poder que se establecen en la pareja, en que el hombre se vuelve el amo al cuál la mujer tiene que obedecer. De hecho, entre las bonitas y amorosas frases que los hombres golpeadores les dicen a sus mujeres se destaca esta joya: “si tú me obedeciera yo no tendría que pegarte”. Obedecer implica una jerarquía: hay alguien que “pesa más” y da órdenes, y alguien más abajo que tiene que obedecer.
Tachando estos feminicidios de “crímenes pasionales” también estamos lavándonos las manos peor que Poncio Pilatos: (supuestamente) se trata de algo privado, de la pareja, no te metas. Entre mujer y marido no tomes partido ni pongas el dedo. ¿Y será realmente algo privado, si el 70% de los asesinatos de mujeres en el mundo son por mano de su pareja? Y a denunciarlo no es ningún colectivo feminista (de esas “brujas que odian a los hombres y se quieren imponer sobre ellos”) se trata de datos de la Organización Mundial de la Salud.
Hay que reconocer que estos asesinatos de mujeres son casos de violencia sexista, nacidos, crecidos y alimentados por la cultura patriarcal que sigue dominando en el mundo. Hay que revisarse y reconocer cuáles son las responsabilidades de cada uno y de las comunidades y de la sociedad y de los medios y de las instituciones. Todos somos responsables, todos estamos involucrados y de todos depende el cambio.
Aquí en Venezuela, se ha logrado un gran avance, desde el punto de vista legal, como es la Ley Orgánica Sobre el Derecho de La Mujer a una Vida Libre de Violencia. Ahora es necesario que lo que está en el papel se haga realidad. Es necesario un cambio cultural, y eso no se decreta por ley: se construye entre todos, a diario.

lunes, 15 de marzo de 2010

LAS MUJERES DECIMOS ¡NO! A LAS BASES MILITARES DE EEUU

por el Cuarto de Tula

Ya se ha hablado y escrito sobre los graves efectos “colaterales” que tendrá el acuerdo firmado el pasado 3 de noviembre por los gobiernos de Estados Unidos y Colombia, a través del cual se permitirá la instalación de tropas norteamericanas en siete bases militares en territorio colombiano. Sin duda graves serán, por ejemplo, las consecuencias en términos de soberanía y seguridad de la región. Sin embargo hay un tema que ha pasado algo inobservado y que nosotras tenemos la obligación de destacar: lo que significa la presencia de bases militares extranjeras para los derechos y las vidas de las mujeres. Tenemos bastantes antecedentes: imagínense que EEUU ya tiene más de 800 instalaciones militares en el extranjero, y siempre van acompañadas por altísimos costos sociales (y no sólo).
En primer lugar, dónde se instala una base militar, siempre hay un aumento exponencial de la prostitución “para el desahogo de los soldados”. Las mismas autoridades militares estadounidenses ven esta actividad como una necesidad legítima, y hacen algo más que cerrar un ojo: por ejemplo, se preocupan de hacer la prueba del VIH a las mujeres, para que sean una mercancía segura y no contaminen a los soldados. Sin embargo, no se preocupan en asesorar a las mujeres sobre cómo protegerse del contagio ellas mismas. Pues no hay rollo: la mercancía cuando se deteriora, se bota a la basura y chau. No hay que olvidar tampoco que las bases causan un verdadero boom de todas las actividades delictivas ligadas a la prostitución: la trata de blancas, la esclavitud sexual, la pedofilia… No es una casualidad que una de las mayores metas del turismo sexual infantil en la actualidad (la ciudad filipina de Olongapo) ha crecido justo al lado de Subic Bay, que fue la base militar más grande que EEUU tenía en Asia.
En segundo lugar, la presencia de las bases militares extranjeras se acompaña por un altísimo índice de delitos sexuales en contra de mujeres y niñas. Para mayor gravedad, la casi totalidad de estos delitos queda impune. ¿Por qué? Porque antes de que las tropas estadounidenses entren al país, el mismo acuerdo estipula la inmunidad para los soldados. Es decir: haga lo que haga un soldado estadounidense, las autoridades locales no pueden arrestarlo ni acusarlo de algún delito (mientras que la justicia de su país los ampara). La inmunidad se convierte de manera casi automática en impunidad. Estamos hablando de militares que nunca van a ser juzgados y ya tienen licencia para matar y para violar.
En tercer lugar, es claro que las tropas estadounidenses no se instalan en otros países para cultivar florecitas: son soldados, su ocupación es la guerra, y de guerra y violencia es el clima que instauran adonde sea que vayan. Y siempre, en las guerras, los derechos, el cuerpo y la vida de las mujeres son pisoteados más que nunca, porque desde una óptica bien patriarcal son consideradas “bienes del enemigo” (parejas, madres o hermanas) y por lo tanto posibles blancos para aniquilarlo.
En cuarto lugar, el imperialismo. Los militares estadounidenses no vienen a nuestros países en visita de pana: la instalación de bases militares en territorios extranjeros es clara expresión de una relación impar, de dominio y supremacía. Y las mujeres locales son tratadas a la par de los recursos naturales: materias primas que están ahí a su disposición.
En quinto lugar, adonde llegan tienen el don de andar en malas compañías, a las cuales dejan el trabajo más sucio: ya sea instalando gobiernos opresores (véase que pasó con la “liberación de las mujeres” en Afganistán, baste pensar que el ocho de marzo del año pasado el régimen instalado en Kabul por los EEUU inauguró una cárcel femenina, como regalo para las mujeres afganas) o apoyando grupos armados que violan los derechos de las mujeres (más cercano a nosotras es el ejemplo de Plan Colombia y del apoyo a los paramilitares).
Y la lista sigue…
Pero nosotras no somos masoquistas. Estas bases no las queremos ver ni en pintura.